“Hitler vs Picasso. Y otros artistas modernos”, un sofisma macabro

-¿Esto lo ha hecho usted?, preguntó el embajador alemán Otto Abetz a Pablo Picasso  contemplando una fotografía del Guernica.
-No, respondió Picasso. Es obra de ustedes.

“Hitler vs Picasso. Y otros artistas modernos” es un proyecto ambicioso, un documental fascinante dirigido por el joven realizador Claudio Poli y comentado por el gran actor italiano Toni Servilio, que intenta reconstruir el saqueo de obras de arte llevado a cabo por los nazis, tanto en museos como en colecciones privadas y, no es ninguna casualidad, en las viviendas judías.

Pertenece al ciclo “Los grandes del arte en el cine” y se estrena el 19 de noviembre de 2018, por tiempo limitado en los cines Verdi de Madrid y Barcelona.

En 1937 el régimen nazi organizó dos exposiciones en Munich, una para deshonrar “el arte degenerado” y prohibido y la otra, organizada personalmente por Hitler, para glorificar “el arte clásico”. En la primera se denostaba a figuras como Emile Nolde, Oskar Kokoschka, Pablo Picasso, Paul Klee, Max Beckmann, Otto Dix, Georg Grosz, Marc Chagall, el grupo nórdico de la Die Brüke, El Lissitzky, Henri Matisse, Eduard Munch… A estos artistas se les adjudicaba la representación de los defectos y debilidades de la sociedad del momento. La segunda, la Gran Exposición de Arte Germánica, tenía el objetivo de usar los productos artísticos como vehículo de propaganda del partido nazi, e incentivar la importancia del “arte puro ario”.

Los máximos dirigentes nazis desarrollaron una auténtica obsesión por el arte. En su avance por Europa fueron saqueando todo lo que encontraban a su paso, iglesias, fundaciones, colecciones particulares y muy especialmente las casas de los judíos, y otras minorías, enviados a los campos de concentración; dando lugar a un “macabro sofisma”, como explica una voz en off, Adolf Hitler y su segundo Hermann Goering, mariscal del Reich, se repartieron los hallazgos –clásicos para el Führer, modernos para el lugarteniente-, a los que fueron añadiendo otras obras compradas en subastas por un par de “intermediarios”, marchantes a los que pagaban con los cuadros que no les interesaban a ellos.

Con la excusa de que en Linz se iba a crear un nuevo Louvre (el Führer acariciaba el proyecto de construir en su ciudad natal un museo que fuera un calco del parisino), estos dos nefastos asesinos empezaron a hacerse con obras de Picasso, Botticelli, Klee, Matisse, Monet, Renoir, Gauguin, los maestros alemanes y holandeses… hasta miles de obras maestras. El resultado de esta operación fueron más de 600 000 obras de arte saqueadas –pintura, escultura, objetos preciosos-, alrededor de 100 000 perdidas en el tiempo y una búsqueda que hoy, más de setenta años después, no ha terminado.

Estos tesoros artísticos, que hoy se encuentran en museos y colecciones particulares (pocos, muy pocos, pudieron recuperarlos sus verdaderos dueños una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, al carecer de recibos o certificados que avalaran sus pretensiones), han sido objeto de cuatro espectaculares exposiciones en París, Nueva York, Alemania y Holanda, en las que se ha contado la historia que hay detrás de cada una.

 

“Hitler vs Picasso. Y otros artistas modernos” es un proyecto ambicioso, un documental fascinante dirigido por el joven realizador Claudio Poli y comentado por el gran actor italiano Toni Servilio, que intenta reconstruir el saqueo de obras de arte llevado a cabo por los nazis, tanto en museos como en colecciones privadas y, no es ninguna casualidad, en las viviendas judías.

Pertenece al ciclo “Los grandes del arte en el cine” y se estrena el 19 de noviembre de 2018, por tiempo limitado en los cines Verdi de Madrid y Barcelona.

En 1937 el régimen nazi organizó dos exposiciones en Munich, una para deshonrar “el arte degenerado” y prohibido y la otra, organizada personalmente por Hitler, para glorificar “el arte clásico”. En la primera se denostaba a figuras como Emile Nolde, Oskar Kokoschka, Pablo Picasso, Paul Klee, Max Beckmann, Otto Dix, Georg Grosz, Marc Chagall, el grupo nórdico de la Die Brüke, El Lissitzky, Henri Matisse, Eduard Munch… A estos artistas se les adjudicaba la representación de los defectos y debilidades de la sociedad del momento. La segunda, la Gran Exposición de Arte Germánica, tenía el objetivo de usar los productos artísticos como vehículo de propaganda del partido nazi, e incentivar la importancia del “arte puro ario”.

Los máximos dirigentes nazis desarrollaron una auténtica obsesión por el arte. En su avance por Europa fueron saqueando todo lo que encontraban a su paso, iglesias, fundaciones, colecciones particulares y muy especialmente las casas de los judíos, y otras minorías, enviados a los campos de concentración; dando lugar a un “macabro sofisma”, como explica una voz en off, Adolf Hitler y su segundo Hermann Goering, mariscal del Reich, se repartieron los hallazgos –clásicos para el Führer, modernos para el lugarteniente-, a los que fueron añadiendo otras obras compradas en subastas por un par de “intermediarios”, marchantes a los que pagaban con los cuadros que no les interesaban a ellos.

Con la excusa de que en Linz se iba a crear un nuevo Louvre (el Führer acariciaba el proyecto de construir en su ciudad natal un museo que fuera un calco del parisino), estos dos nefastos asesinos empezaron a hacerse con obras de Picasso, Botticelli, Klee, Matisse, Monet, Renoir, Gauguin, los maestros alemanes y holandeses… hasta miles de obras maestras. El resultado de esta operación fueron más de 600 000 obras de arte saqueadas –pintura, escultura, objetos preciosos-, alrededor de 100 000 perdidas en el tiempo y una búsqueda que hoy, más de setenta años después, no ha terminado.

Estos tesoros artísticos, que hoy se encuentran en museos y colecciones particulares (pocos, muy pocos, pudieron recuperarlos sus verdaderos dueños una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, al carecer de recibos o certificados que avalaran sus pretensiones), han sido objeto de cuatro espectaculares exposiciones en París, Nueva York, Alemania y Holanda, en las que se ha contado la historia que hay detrás de cada una.

El documental “Hitler vs Picasso (y otros artistas modernos)” hace un recorrido por esos cuatro puntos y recoge testimonios de personas involucradas y documentos de archivos clasificados. Incluye también unas cuantas anécdotas sabrosas, como la del falsificador que le vendió a Goering la copia de una tela holandesa o el insólito “caso Gurlitt”: cuando el marchante de arte nazi Cornelius Gurlitt falleció en 2014, en su domicilio se encontraron más de mil cuadros que había ido distrayendo mientras surtía a Hitler y compañía, lo que suponía una colección de inmenso valor.

El relato del documental se hace especialmente interesante cuando se para a explicar lo que ha costado recuperar algunas de aquellas obras expoliadas, como es el caso del cuadro  “La mujer sentada” de Matisse, recuperado en casa del marchante Gurlitt y restituido a la familia Rosenberg, grandes coleccionistas que perdieron todo durante la guerra y que sobrevivieron al campo de la muerte

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